top of page

Autobiografía. El pasado tiene memoria

  • Camilo
  • 5 nov 2024
  • 4 Min. de lectura

Nací un 12 enero del 2000. El universo conspiraba a mi favor y las estrellas se alineaban. Con 5 años ya iba al colegio solo, era indisciplinado y tenía problemas con los profesores, pero me esforzaba por mantener un buen nivel. Mi madre luchaba para que no me faltara de nada. Fui creciendo y me di cuenta que el ambiente donde brotaba perecía. A diario había muertes, asaltos, episodios que para un niño no conllevan buenas reacciones.

 

Fui cumpliendo años y me di cuenta que llevaba encima un magnetismo para el ambiente fuerte de la ciudad de Bogotá. De pronto me vi inmiscuido en grupos que organizaba con mis mismos amigos, para buscarnos la vida. Creábamos eventos ilegales en las discotecas de la ciudad. Vendíamos de todo un poco, ofrecíamos shows y poco a poco nos  fuimos dando a conocer. Cuando me di cuenta estaba untado hasta el cuello y nos conocían en toda la zona. Por aquel entonces tenía solo 17 años.

 

Tenía que moverme porque el ambiente degrada poco a poco, aunque no nos demos cuenta. Con los días conseguí montar uno de mis últimos eventos que se llamó Antonyfest. Quería moverme de Candelaria. Conseguí hacerlo y reunir suficiente dinero. Con esto de las fiestas, y con los ahorros que fui consiguiendo, tomé la decisión de irme para España, más exactamente a Tenerife. La isla me aguardaba. Trabajé, ahorré, me esforcé y a la meta llegué.

 

Tomé la decisión de empezar a progresar; en las noches a rezar, en el día a trabajar. Hubieron subidas y bajadas. Cuando vinieron las bajadas, vino la crisis, pero supe desenvolverme. Siempre me he dado mañas para conseguir lo que me propongo. Luego  de instalarme en Tenerife, tuve la oportunidad de trabajar como pintor, como jardinero, y como peón en la construcción. También empecé a estudiar hostelería y turismo con el ayuntamiento de Orotava, el casco histórico de Tenerife, y poco a poco mi destino fue cambiando. La vida avanzaba, y la vida me llevó a Barcelona.

 

Once meses después la organización gubernamental CEAR me consiguió una plaza de estudio y vivienda en la Universidad Autónoma de Barcelona, en Bellaterra. Conseguí instalarme durante ocho meses en aquella universidad y la experiencia fue increíble. Aprendí muchas cosas buenas, y conocí muy buenas influencias. Parecía que todo lo que un día dejó de gustarme en mi entorno se estaba transformando en todo lo contrario. Le di muchas veces las gracias a Dios por estas oportunidades, por nunca abandonarme y por siempre bendecirme.

 

La organización CEAR me apoyaba con vivienda y un bono de viaje para desplazarme por Cataluña. También nosotros, los asilados políticos, teníamos acceso al centro deportivo de la universidad y a la piscina. Nos ofrecieron condiciones óptimas para vivir. A los siete meses llegó la resolución de la petición de asilo, y concluyó mi etapa en este sitio.

 

Después de terminar mi tiempo en la universidad, me desplacé a Barcelona. Allí conseguí nuevamente un trabajo en la construcción y una habitación. Empecé a tener mas independencia y libertad económica, conocí a nuevas personas y otros ambientes. Aunque trabajaba mucho, tenía tiempo para mí y estaba contento. Por fin estaba consiguiendo lo que un día, de niño, me planteé junto a mi madre. Quiero decir con esto que todo lo que te propongas lo puedes lograr, que solo es cuestión de paciencia. Perseguirlo y conseguirlo. El éxito está en tu puerta, solo tienes que dejarlo entrar.

 

De repente llegaron tiempos duros. Perdí mi trabajo, no tenía para el alquiler y la comida se me terminaba. Buscaba trabajo, pero no lograba conectar para conseguirlo. Empecé, entonces, a tomar un camino más oscuro. Algunas personas que conocí por el camino me invitaron a robar, me ofrecieron una salida y yo decidí, ante semejante situación, adoptarla. Los problemas reales empezaron cuando las personas con las que salía tuvieron que irse del país, ya que venían solo por temporadas. Yo seguí robando solo, y hubo ocasiones en las que la suerte no estuvo de mi lado.

 

Perdí y me atraparon. Ahí fue cuando las leyes vinieron a hacer justicia. Como no tenía un sitio fijo donde vivir, las notificaciones que me enviaban de los juzgados no me llegaban. Claro está, no me enteraba de los días en que tenia juicios. Un día cualquiera la policía me pidió los papeles, y yo tenía entrada por 25 días a prisión. No tenía ni la más mínima información de ello. Con el tiempo llegaron más causas. Volví a conseguir trabajo y me alejé de ese mundo. Pero el karma no perdona, y tarde o temprano vuelve a cobrarte. El pasado tiene memoria.


Pronto llegará el momento de salir, y lo espero con ansias. Mejor que el karma se cobre rápido lo que se debe. De momento, pienso que es tiempo de fortalecerme, de aprender de mis errores y de enmendar mis cometidos del pasado. Ahora sigo culturizándome, aprendiendo, enriqueciéndome de todo tipo de conocimiento, siempre que sea productivo y fructífero para mi mente y cuerpo. Hoy por hoy ya no miro atrás. Lo que pasó, pasó. Seguramente todo fue por algo. No tengo claro dónde llegaré, lo único que sé es que nunca me rendiré.

Comentarios


bottom of page